Villa medieval situada en un cerro a orillas del río Júcar, desde donde se puede disfrutar de la ribera, huertas, peñascos y cuevas.
El discurrir del río forma una ladera de barrancos llena de cuevas casi inaccesibles excavadas en la propia roca. De las más impresionantes es la del Cerro de la Horca, donde se encontraron huesos de mastodonte. Es uno de los pocos ejemplos en nuestra Península de cueva fortificada.
Debido a su carácter defensivo los romanos construyeron puentes y calzadas, pero fueron los árabes los que dieron esplendor a la villa, amurallándola e inventando un nuevo sistema de regadío. Canalizaron el agua en dos acequias que recorrían toda la vega a ambos lados del río.
Como curiosidad cabe mencionar la presencia del Cid Campeador a las puertas de la muralla de Jorquera , en el año 1094 en persecución del rey moro Lucef.